Siendo la investigación el pilar básico para la generación de conocimientos y desarrollo de ámbitos de estudio para forjar una sociedad mejor, me tomo un momento para reflexionar sobre la calidad de la misma. No en vano, los investigadores nos valemos de estudios previos y modelos teóricos anteriores sobre los que construimos nuevos aprendizajes y desarrollamos nuevas teorías. ¿Qué ocurriría si buena parte de esta nueva producción estuviera construida sobre estudios que no cumplieran mínimos en rigor metodológico o empírico? La respuesta es bien sencilla: no estaríamos asumiendo la responsabilidad que comporta la transferencia de conocimientos a las esferas académicas, profesionales y sociales. En otras palabras, no contribuiríamos a que nuestra producción científica favoreciera el avance de la ciencia, aunque sí posiblemente al currículum personal.

El análisis y la reflexión sobre este tema surge fundamentalmente por dos cuestiones: la calidad y las evidencias. Me explico. Por un lado, estamos en la época de la calidad. No hay institución, organización o proceso que no esté enmarcado en el control de la calidad. La medición de este constructo podrá permitir la rendición de cuentas de la efectividad y la satisfacción del proceso, y a su vez mejorarlo. Por otro, tras algo más de 20 años en el mundo de la investigación, no dejo de ver evidencias de que la investigación puede mejorarse bastante en el campo de la enseñanza y aprendizaje de idiomas. De hecho, en una revisión sistemática que estamos realizando en el proyecto AGCEPESA (Análisis y Garantía de la Calidad de la Educación Plurilingüe en la Educación Superior de Andalucía; Proyecto de Excelencia Junta de Andalucía: REF P12-SEJ-1588, 2014-2018), estamos comprobando que, de miles de artículos que hay sobre educación bilingüe, menos de un centenar cumplen con aquellos criterios metodológicos que llevan a un estudio a la obtención de resultados fiables y válidos que puedan ser tomados como referencia para estudios posteriores. Ante esto, obviamente, podríamos plantear la hipótesis de que la calidad en la investigación de esta rama de estudio puede ser baja. Si aceptamos la hipótesis, deberíamos buscar las causas explicativas.

Me estoy refiriendo a la investigación en la lingüística aplicada a la enseñanza y aprendizaje de lenguas extranjeras. Un campo desarrollado por filólogos, pertenecientes en buena parte a la Facultad de Humanidades, pero que realmente se suele desarrollar en la Facultad de Educación, ya que se trata de estudios de campo tanto cualitativos como cuantitativos que exigen conocimientos avanzados en metodología y estadística. Por tanto, no son estudios comparativos o textuales, como los realizados en la lingüística teórica o la literatura, sino estudios con personas. ¿Qué debería utilizar una ANOVA o MANOVA? ¿Qué estadístico de contraste debo utilizar si las varianzas poblacionales son desconocidas? Son ejemplos de planteamientos corrientes en análisis de datos de estudios experimentales, que supuestamente deberían manejarse con soltura.

La falta de conocimientos en metodología o análisis de datos no solo dificulta plantear proyectos de investigación de calidad, sino que también limita otras tareas propias del investigador, como ser revisor de artículos de revistas. O lo que es más, poder publicar en revistas de prestigio (por ejemplo las estadounidenses, con su tradición tan cuantitativa), a menos que contratásemos a un estadístico para que nos aconsejara en el diseño metodológico y acometiera el análisis de los datos. Ello a veces es necesario por la complejidad de un estudio, pero la absoluta dependencia puede limitar nuestra capacidad en la toma de decisiones del diseño de un estudio; y es un coste en recursos humanos.

Esta reflexión se produce justo cuando la Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación (ANECA) en España hace todavía más exigentes los criterios de calidad para la obtención de acreditaciones. En definitiva, el conocido dicho “publish or perish”, queda obsoleto, pues el objetivo ya no solo es publicar, sino además hacerlo en las revistas de reconocido prestigio.

Volviendo a la hipótesis planteada: si la calidad de muchos estudios en el campo del aprendizaje y enseñanza de idiomas no es la idónea, ¿cuáles son las causas? ¿Qué propuestas se podrían formular para mejorarla?

Para responder a estas preguntas creo que hay que analizar la formación. Los filólogos no reciben formación alguna sobre la investigación en el aula de idiomas, de hecho ni siquiera la enseñanza y aprendizaje de idiomas es una materia básica de rama (o troncal) en el Grado de Estudios Ingleses (ni lo era en la Licenciatura de Filología Inglesa). Realmente, en el grado tampoco debería tener demasiado protagonismo, a pesar de que difícilmente podrá realizar un TFG (Trabajo de Fin de Grado) sobre esta materia algún estudiante que pretenda dedicarse a la enseñanza de idiomas. Parece, entonces, que es en la etapa de posgrado en donde se debe dar la mayor formación en investigación, sobre todo en aquellos másteres conducentes a la realización de una tesis doctoral. He analizado las ofertas académicas de másteres de diversas universidades españolas sobre lingüística aplicada a la enseñanza y aprendizaje de idiomas. Todas tienen un plan de estudios caracterizado por una oferta mínima en investigación y una oferta extensa en módulos disciplinares y temáticas variadas. Café para todos: “Diseñamos el máster en función de las personas que lo imparten”, y no en función de la necesidad formativa. Es bastante lógico, si no hay especialistas en metodología de la investigación, ¿quién impartiría un máster con un itinerario sólido en investigación? ¿Especialistas de psicología y pedagogía? Ello supondría ceder créditos docentes a otras facultades o departamentos, cuestión política o académicamente crítica.

La formación en la investigación no consiste en hacer algún curso aislado, ni tener a mano una buena bibliografía, ni tampoco cursar un par de módulos de un máster, requiere muchas horas de dedicación de estudio de materias con un nivel de dificultad considerable. En el grado de Psicología, por ejemplo, solo para aprender cuestiones básicas para el análisis de datos el estudiante emplea una media de 1500 horas. Fundamentos de investigación (metodología y diseños) o Psicometría (medición y cuantificación de variables) son también materias que necesitan de una implicación y dedicación exhaustiva del futuro investigador.

En resumen, parece evidente que se necesita una revolución en el sistema de formación de los investigadores del campo de la enseñanza y aprendizaje de lenguas extranjeras. Creo que los investigadores en activo deberíamos trabajar en esta problemática a nivel nacional a través de los diversos medios de difusión y transferencia de la información para que los actuales y futuros investigadores tengan opciones de formación y su calidad investigadora permita poder competir en un mundo académico globalizado, cada vez más exigente. Propuestas como la creación de un máster específico de investigación en lingüística aplicada a la enseñanza y aprendizaje de lenguas podrían ser inicios de una nueva concepción de la calidad en la investigación.

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